Después de una larga jornada laboral, no hay nada mejor que llegar a casa y descansar, sobre todo si lo hacemos en una rica y confortable hamaca, objeto tradicional que no puede faltar en los hogares yucatecos.

Los orígenes de la hamaca comenzaron en Centroamérica hace aproximadamente mil años por los indios mayas. Esta importante civilización no sólo creó el calendario más exacto y su propio sistema de escritura, sino que también diseñó una hamaca en forma de banda, considerada la más ingeniosa, y que actualmente se continúa utilizando.

Las primeras hamacas fueron elaboradas con tejidos de la corteza del árbol de hamac, de ahí el origen de su nombre. Más tarde, la planta de Sisal sustituyó a la corteza como material preferido, debido a su abundancia y a que sus fibras podrían ser suavizadas por el roce del cuerpo.

Yucatán se caracteriza por el uso y la producción de este objeto, cuyos diseños y colorido lo convierten en una atractiva artesanía que conquista a propios y extraños. Las hamacas las podemos encontrar en diversos establecimientos del centro de la ciudad, inclusive hay personas que pasan de casa en casa vendiéndolas.

Para el urdido de una hamaca se utiliza un bastidor de madera, que consta de dos varas largas en forma cilíndrica y perpendicular, de aproximadamente cinco centímetros de grueso por dos metros de longitud. Los palos, que se ensamblan en la base, son colocados de frente y paralelamente, a una distancia de metro y medio o dos metros, de acuerdo con el tamaño de la hamaca.

Posteriormente, con el hilo se empieza a rodear las varas en forma de carrete y con una aguja de madera se inicia el tejido de la hamaca. Para finalizar, se le ponen los brazos en donde se colocarán las sogas que se colgarán en los hamaqueros o en los troncos de dos árboles según la preferencia del usuario.

Así que para esta temporada de calor no hay nada mejor que pasar un merecido descanso recostados en una hamaca y disfrutar al máximo del verano.