Espacio de calidez hogareña con sabor caribeño

En Mérida la temperatura promedio es de 38 grados casi todo año. Esto significa que cualquier día es un buen momento para refrescarse en La Negrita, un espacio longevo de 100 años de antigüedad que ha pasado por transformaciones hasta llegar a ser un recinto cultural en donde hay espacios para todos.

 

El ser incluyente es toda una filosofía. Abarrotada desde temprana  hora, ahí conviven desde afamados escritores, artistas de talla internacional, ciudadanos del mundo; gente común, fresas, hippies y más gente que ha encontrado ahí un espacio en común.

 

Redescubrir el centro de Mérida y llegar a La Negrita es una visita obligada por muchas razones: el ambiente, el trato de sus meseros, su botana o sus bebidas artesanales son solo pequeñas pero importantes piezas que forman parte de un todo.

 

En este lugar pareciera que la casualidad se encargó de vestir cada espacio, dotándolo de una calidez hogareña con un sabor caribeño. Nada más lejano de la realidad, el color de algunas paredes, los cuadros de Israel Kú, el mural wet-paste de Gloria Gaynor, sus muebles, los espejos.

 

Cada detalle es el resultado del meticuloso trabajo de Patricia Martín, de la estética de una artista visual  que se nota en cada rincón celosamente diseñado, con el estilo tanto abigarrado como ecléctico; su influencia va más allá de la decoración del lugar, desde el volumen hasta la la selección musical.

 

Aquí todo pasa por su supervisión, no se escapa nada y nada sucede por casualidad, aunque así pareciese. Por eso a 100 años de existencia y una refrescada que no solo la trajo de vuelta con nuevos bríos, sino que la colocó como emblema de todo un movimiento que ha redefinido el concepto de cantina.

 

La personalidad de La Negrita es fuerte y  su influencia en otros espacios es innegable. Podemos visitar varias cantinas del centro histórico de Mérida, pero siempre habrá algo que nos remita a una de las más emblemáticas de todas, La Negrita.