Es rítmica, y compuesta de sones y danzones; aunque con cierta religiosidad con la que se identifica el yucateco de hoy: “La Vaquería”, una tradición que se resiste a morir.

La Vaquería es considerada una fiesta sagrada que toma su nombre de la época colonial, cuando después de marcar a los ganados, se realizaba al final una celebración para conmemorar el momento; fiesta influida por la música española, que se tradujo, en una de las representaciones más fieles de Yucatán: el baile de la jarana.

Dzibilchaltún, ubicado aproximadamente a 17 kilómetros de Mérida, es uno de los 106 municipios del estado, que en sus festejos,  incluye a la Vaquería como un homenaje a su Santo Patrono, en donde niños, jóvenes y adultos, manifiestan a través del baile, la herencia de sus antepasados.

Aunque sus raíces son hispanas  y sus elementos  caribeños, la esencia de la jarana yucateca, se ve plasmada en el compás de la Vaquería, en donde se destaca el talento y virtuosismo de los bailarines.

En la Vaquería se presentan hasta 12 jaranas, siendo el jarabe yucateco “Angaripola”,  y “Aires del Mayab”, dos de  los temas más importantes que marcan el inicio de esta fiesta. Por su parte, “El Ferrocarril”, con más de 50 años de tradición, es un baile con charolas, que demuestra las variantes y la dificultad que este arte puede llegar a representar.

“El Torito”, es el gran cierre, jaleo cómico que se utiliza como el remate de la Vaquería.

Como parte de la tradición, y en algunas ocasiones como concurso, los jaraneros detienen por un momento el baile, para compartir versos jocosos y pícaros, mejor conocidos, como ¡Bomba!

Desde el siglo XIX y pese a la modernidad, la vaquería sigue viva, con una regla única: el zapateo! Poesía hecha danza; puente entre la historia y el porvenir, de un estado que atesora sus raíces e invita a vivir la experiencia cerca de ti.