Por Gemma Gorocica

 

Aproveché el caluroso mes de mayo para conocer algunos sitios  de Yucatán que no fueran los mismos que acostumbro, salir de mis cuatro paredes y tomar el reto de emprender algo diferente, así que opté por “Parque X’Kekén” como la mejor opción.

¡Y vaya mi sorpresa al conocerlo!

Había módulos de información en la entrada, cuatrimotos,  bicicletas, y animales exóticos. Me  aferré a ello, aún con miedo a los Guacamayos y aunque me costó la sonrisa, la satisfacción fue inmensa.

Como la idea fue “ir con todo”, solicité el paquete  más completo que me permitió aprovechar el viaje y conocer los dos ojos de agua. La realidad de lo que viví no se compara con lo que había investigado en internet, créanme que ninguna imagen podrá suplir la belleza de estos dos cenotes.

X’Kekén y Samulá, son sencillamente tan diferentes, como místicos. Y en efecto, sus aguas  son muy heladas, tanto, que al principio tiemblas de frío, pero después te acostumbras y ya no quieres salir.

Y terminé saliendo del agua, porque un paseo a caballo es imperdible. Me pareció confiable que el guía me acompañara, y por momentos me dejara avanzar sola para que conectara con el animalito, que además de estar muy bien cuidado, descansa en la sombra entre un paseo y otro.

Después de una breve orientación, me aventé a los senderos en cuatrimoto, recorriendo el Parque X’Kekén entre lodo, piedras, y pequeños cerros de tierra que me aterraban un poco, pero que logré  superar.

Finalmente y antes de irme, pude pasar a los vestidores a cambiarme, y estar lista para comer en el Restaurante del lugar, donde me dieron a elegir entre una gran variedad de platillos regionales, postres y bebidas naturales.

Estoy muy satisfecha con mi experiencia, y sin duda, conseguí mi objetivo en Parque X’Kekén: cumplir el reto de salir de la rutina y hacer algo diferente a lo habitual.