Por René Pino

 

El rumor de sus destrezas llegó a mis oídos por casualidad, despertó en mí una curiosidad casi infantil que me llevó a querer saber más sobre Don Edgar y su conocimiento ancestral de las plantas.

Una semana después había embaucado a otros cuatro amigos para ir en busca del sanador de los corazones rotos. A tan solo 40 minutos de Mérida en la localidad de Acanceh se encuentra el Jardín botánico X Ka´an sajil, que en maya significa lugar de enseñanza.

 

Nos dieron la dirección y nos explicaron cómo solo nosotros  los yucatecos sabemos  entender: a señas y referencias plagadas de tienditas y señores a quien preguntarles. Entre “doblas ahí” y “hasta que topes en una chop calle” llegamos al centro de Acanceh, a la plaza donde convergen tres culturas, tres momentos de nuestra historia. En plaza tomamos un tricitaxi, a su conductor solo le preguntamos “¿conoce a Don Edgar el X´men?” para ahorrarnos las imprecisiones sujetas a interpretación de las indicaciones hechas.

 

A la vera del camino, junto a la carretera federal y frente a una maquiladora, se encuentra el jardín botánico. Nos recibió Don Edgar Francisco Peraza Chan su anfitrión desde hace 13 años. Vestido de blanco, con una gran sonrisa y  un apretón de manos nos dio la bienvenida. En la entrada se detuvo y señaló entre las copas de los árboles donde tres pájaros Tho revoloteaban: “son bienvenidos al lugar, ellos les están dando la bienvenida a su lugar, rara vez vienen a recibir a la gente. Son ustedes buenas personas”.

 

La naturaleza nos dio la bienvenida a este lugar en donde conectan la sabiduría ancestral, lo espiritual, con la religiosidad y lo científico.

 

De las 200 plantas, 83 ya están clasificadas de acuerdo con un criterio científico. Nos platicó de sus propiedades  medicinales; pero ninguna curaba el mal de amores y al preguntarle, sonrió, me miró como quien mira a un niño y me dijo con paciencia: “No existe, de eso solo te curas si tienes la voluntad de hacerlo”.

 

Le conté acerca de lo que había escuchado; nuevamente sonrió y nos contó una leyenda que nos hablaba del poder de la fe, la misma que mencionan algunas religiones. Concluyó diciendo “las plantas no son mágicas, tienen un principio activo que es de donde sacan para hacer las medicinas modernas; recuerda todo está conectado y si no tienes voluntad para estar bien, no te vas a curar por arte de magia”.

“A una persona solo le dije que tomara infusión de hojas de naranja agria, es un tranquilizante natural. En realidad sólo necesitaba hablar y la escuché. Nosotros somos medicina, el abrazo de un amigo, una mirada de nuestros padres, también son medicina”.

 

Confieso que me conmovió y me regaló lo que hace mucho no sentía, paz. Don Edgar es sabio, es médico tradicional, sacerdote maya y docente en el Centro de Educación y Cultura Ambiental (Ceca); y hoy, un gran amigo.